Conoce paso a paso el proceso artesanal que le da a nuestra barbacoa ese sabor inigualable. Horas de dedicación, leña de encino y auténtico cariño.
Hacer barbacoa de hoyo no es solo cocinar, es un ritual que respeta las costumbres de nuestros abuelos. Cada fin de semana, el horno cobra vida.
Todo comienza encendiendo nuestro horno subterráneo de piedra volcánica. Utilizamos exclusivamente leña de encino, la cual arde durante horas hasta calentar las piedras al rojo vivo. Este calor intenso y parejo es el alma de nuestra cocción.
Una vez que el horno alcanza la temperatura perfecta, forramos las paredes ardientes con pencas de maguey previamente asadas. Esto no solo protege la carne del fuego directo, sino que infunde un aroma ahumado y terroso inconfundible.
Colocamos cuidadosamente la olla del consomé al fondo para que recoja todos los jugos, y encima acomodamos la carne. Sellamos el horno herméticamente con tierra y dejamos que la magia suceda bajo tierra durante 12 a 14 horas continuas.
Con los primeros rayos de sol del sábado y domingo, destapamos el horno. Una nube de vapor aromático anuncia que la barbacoa está lista: una carne jugosa que se deshace sola, acompañada del consomé más reconfortante de la sierra.